Por: Robert Barraza
Twitter: @robertbarraza

Por  espacio de un año y cada 15 días asistí a clase de especialización en una universidad ubicada al lado de uno de los cementerios  de la ciudad.

Cada viernes y sábado llegaba a recibir los conocimientos de mis grandes  maestros en el área del Desarrollo Social.

Pero resulta que la gran enseñanza, esa que impactó  gratamente  mi vida, no la viví en el salón de clases, ni en los pasillos de la Universidad; no, esa gran lección la viví afuera, en el parqueadero.

Llegué ese primer viernes y busqué un lugar donde ubicarme y justo había un espacio cerca a unas mallas color verde que dejaban ver al fondo un cementerio de la ciudad llamado Jardines del Recuerdo.

Eran las 5 de la tarde y ya debía estar en el aula, pero esa imagen frente a mi hizo que me detuviera unos minutos; como si tuviera un control remoto en mis manos, le puse pausa al mundo a mi alrededor.

Pensé:

Cuando me toque estar acá, cuando llegue mi hora, habré cumplido mi propósito?

Pensé en las cosas que he dejado de hacer, aquellas que he aplazado por miedo o por pensar en lo que vayan a pensar los demás, o los sueños que se han quedado en eso, en pensamientos sin acción.

Desde ese día me propuse no aplazar más, me propuse expresar el afecto, el cariño, dejar fluir la vida, hacer lo que amo y me genera paz y sobre todo dejar huella y hacer que mi paso pr la tierra sea un símbolo de inspiración.

Entendí que el éxito está en la suma de APTITUD + ACTITUD + CONSTANCIA + DISCIPLINA

No esperes más, atrévete a hacer,  aun estás a tiempo de encontrarte con tu mejor versión. Suelta eso miedos y creencias que no son tuyas y ten el coraje de hacer eso que llevas años aplazando.