A continuación conocerán la historia de una persona como usted o como yo, que en un momento de su vida quedó sumido en profundas crisis de depresión, hasta tal punto que pensó en suicidarse y un día encontró a miles y miles de kilómetros de distancia a dos mujeres expertas en sicología de la felicidad que pudieron ayudarle.

Hace varios años, decidí radicarme en el exterior; específicamente en Canadá. A este país llegué con el firme propósito de conseguir nuevas oportunidades para garantizarle a la familia calidad de vida y poco a poco fui abriéndome ese camino.

Desde entonces encontré oportunidades laborales que me hicieron crecer en un país diferente a mi querida Colombia. Trabajaba en campamentos ubicados en zonas apartadas de Canadá, como consultor para multinacionales y en uno de mis últimos trabajos, encontré proyectos para ejecutar con muchos problemas, no tenía las mejores condiciones y sentía que vivía asfixiado. Pero un día, decidí escapar y dejé todo tirado.

Volví a Montreal y me encerré en una angustia existencial que me profundizó en una crisis depresiva; y esa crisis  me dejó graves consecuencias como la perdida de mi trabajo y una inestabilidad financiera de grandes proporciones y además de esto, un sentimiento de fracaso que también me consumía poco a poco.

Todo lo anterior se conjugó muy mal con una descomposición emocional, química y mental, que me llevaron a no pensar en mis dos hijas y mi esposa y pensar en un momento de angustia, querer quitarme la vida.

Sentía que todo estaba oscuro, sentía tristeza en el alma, no quería estar con mi familia, la confianza estaba por el piso, me sentía sin salida, buscaba ayuda siquiátrica y sicológica en Canadá, pero nadie me daba solución, hasta que un día mi madre estando en Barranquilla, leyendo la prensa local se encontró con un artículo de Sandra Levanthal, que le pareció bastante interesante.

Mi madre desesperada la contacta, me envía su número telefónico y le hable desde Canadá. Luego nos pusimos una cita vía Skype y una vez más al escucharla pensé que estaba perdiendo el tiempo nuevamente. Sentí que no encontraría la salida a mi grave problema.

En realidad quería que fuera algo rápido que llegara a mí para salir del problema, quería algo mágico y en una nueva llamada telefónica que tuve con Sandra y Juliana Pérez, creadoras de la empresa Act, la cual nace con el firme objetivo de favorecer el bienestar humano y el desarrollo integral del ser, se generó una conversación mucho más profunda  y al recibí algunas estrategias, tácticas y técnicas de respiración fui encontrando la salida.

Desde ese momento, encontré en el llanto una forma de expresar sentimientos y emociones, puse en práctica la técnica de sustitución que no es otra cosa que reemplazar los pensamientos negativos por positivos, hacía listas de lo que si tenía en mi vida y lo que sí servía y si funcionaba, hacía recorridos desde hasta de una hora en tren, ordenándole a la mente que cambiara, en fin; poniendo todo en orden en mi cabeza.

Rescaté mi confianza, mi credibilidad, hoy tengo un muy buen trabajo, le encuentro sentido a la vida, deje los miedos a un lado, no tomo medicinas, mi calidad de vida mejoró y hoy siento que he asumido un compromiso con mi familia y es el de mantener el temor a Dios y el respeto a la vida.

Todo lo conseguí porque un día me enseñaron activar la oxitocina, la hormona de la felicidad, que es la misma que hoy me mantiene viendo la vida de una manera positiva.

Quienes están terminando de leer esta historia, quiero decirles que no es mi historia. Es la historia de una persona como usted o como yo, que no estamos exentos en cualquier momento de la vida a tener serios problemas, pero al dejarnos agobiar por los mismos, dejamos apagar la hormona de la felicidad, la cual debemos mantener siempre encendida.

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