“Yo te clavé, yo te clavé. Yo te clavé, una tremenda mirada.  Y te saque y te saqué, te saqué la verdad y más nada”. Ese es el estribillo de La Clavada, una de las canciones más exitosas de Pedro Agustín Beltrán Castro, el reconocido “santo parrandero”, Pedro Ramayá Beltrán.

Ramayá, nació el 5 de febrero de 1930 en el Corregimiento de Patico, en Talaigua Nuevo, es considerado el Rey de la Flauta de Millo y la Gaita.  A sus 88 años, es una leyenda viviente, que mantiene un espíritu joven, lleno de humor y sabor musical.

Sentado en un mecedor de madera en la terraza de su casa, vistiendo una camisa de flores de colores y empuñando en una de sus manos su inseparable instrumento, recuerda tarareando, uno de sus éxitos musicales. La clavada.

Pedro Ramayá Beltrán, sentado en su mecedora

Pedro Ramayá Beltrán, sentado en su mecedora

“Déjame recordar bien, bien la historia de la esa canción romántica. El costeño tiene una forma muy particular de hablar. El costeño dice: te voy a clavá una trompada, te voy a clavá tal cosa, te voy a clavá no sé qué vaina y entonces utilicé esa expresión con algo de picardía en un momento en que estaba enamorado y sentimental (risas) y entonces fue cuando saque el tema ese La Clavada, que en una de sus estrofas dice: Lo tienes grande, lo tienes grande. Lo tienes grande el pensamiento para nada, y no te cabe, no te cabe y no te cabe la razón que estés quedada”

Pero hace un alto en su conversación musical y se acuerda de su pueblo, de su tierra natal.

“Recuerdo de mi tierra, la gente de allá. La casa viejita que tenemos allá, los primeros amigos que tuve, que ya en su mayoría han muerto y creo que el único que queda soy yo de esa época”.

Antes de alcanzar la fama por la música y el folclor, en vez de agarrar una flauta de millo y una gaita, empuñó un fúsil cuando decidió irse a las Fuerzas Militares de Colombia a prestar el servicio.

“A mí me gustaba el Ejército. Desde pequeño jugaba a la guerra y eso me llevó a presentarme al Ejército. Yo cuando llegué allá, mi meta era seguir y durar el tiempo que fuera posible y salir jubilado. Yo duré diez años y en ese tiempo logre lo que quería, ser sub oficial y pensionarme”.

Aprendió a tocar la flauta de millo casi que por accidente. Veía a uno de sus hermanos interpretar el instrumento en todo momento y cuando ese hermano salía y dejaba la flauta en casa, la agarraba y comenzaba a explorarla, a sacarle sonidos sin saber las notas musicales.

“Cuando él salía, dejaba la flauta de millo por ahí y yo la cogía arbitrariamente y me ponía a practicar con ella y cuando me di cuenta ya estaba tocando flauta. En ese tiempo era una novedad ver a un pelado tocando la flauta de millo y la Gaita la vine a tocar fue después por acá en Barranquilla”, recuerda Pedro Ramayá.

Llegó a Barranquilla hace muchos años. Expresa que estando en su pueblo Patico, viajaba constantemente a la capital del Atlántico y en cada viaje se gastaba más de la mitad de su sueldo, pero consideraba que en la “arenosa” podría encontrar un mejor futuro.

“En Barranquilla alguna vaina hago. Eso dije y agarré mis vainas y me vine y acá comencé a darme a conocer como millero. Empezamos a grabar y cuando me di cuenta estaba metido en la Cumbia Soledeña. Allí duré como cinco o seis años. Luego me salí y organice la Cumbia Moderna de Pedro Beltrán, todavía no era Pedro Ramayá”.

Ese remoquete, cuenta que lo adquirió cuando un día decidió grabar la canción Ramayá de Afric Simone o Simón el Africano. La melodía estaba pegada por todos lados, era el éxito del momento y por estar de moda Pedro con sus amigos de agrupación hicieron un cover de esa canción la cual interpretaban en sus esporádicas presentaciones.

“Primero la hicimos en guaracha y luego me llamaron de Discos Tropical y me pidieron que grabara esa canción en cumbia. Lo grabé y al otro día ya estaba a la venta el disco. Esa vaina se pegó fuerte y siempre me la pedían en las presentaciones y luego de varias noches de trabajo un animador en plena tarima y en público me presentó como Pedro Ramayá Beltrán y así me quede”, recuerda.

En medio de su inventiva picaresca plasmada en cada melodía de sus canciones, también tiene mente y prosa para la composición romántica. La musa de inspiración es su esposa a la que le canta al oído.

Deja la flauta de millo a un lado y su mochila tejida y marcada con su nombre y agarra la guitarra. Con una voz pausada exclama: Amor estas por ahí? Usted cree que si la música sentimental no la tuviera, tuviera esta mujer tan bonita? Luego afina las cuerdas del instrumento, mira al cielo para recordar la letra, da unos acordes y comienza a cantar: “Sabes cuánto te quiero y no has podido entender, si mi amor es sincero no sé qué te pasa querida mujer. Y los días van pasando y más intenso es mi amor y yo sigo esperando que llegue ese día para sentir tu calor”.

Conquistó a su esposa cantándole boleros por teléfono y dice que antes de que lo conociera ya ella estaba tragada de él.

Pedro Ramayá sigue con su camisa de colores y sentado en la mecedora atendiendo esta conversación, la cual decide ir finalizando recordando otro de sus éxitos musicales.

“Por sus fiestas novembrinas y su santo San Martín, llevamos alegría sin fin hasta sus playas marinas. En sus horas vespertinas se mira la mar serena, luego la mujer morena por el camellón pasea y el negro que la desea. Así eres tu Cartagena.

Desde el principio y hasta el fin y en noviembre tan sabroso; nació un santo milagroso que se llama San Martín. Por eso esta parrandín lleva un aire cumbiambero y yo me pongo el sombrero es porque es noche de parranda…”

Se levanta de su mecedora, a paso lento pero firme deja la terraza de su casa e ingresa a su estudio de grabación acompañado de sus hijos. Pide que le prendan los equipos y que le pasen su inseparable instrumento y comienza a grabar. Así pasan los días de Pedro Ramayá, la leyenda viviente del folclor costeño y el Rey de la Flauta de Millo.

Ramayá Beltrán junto a su esposa e hijos