“Una de las estrategias psicológicas era desarrollar los entrenamientos en un lugar lo más similar posible en donde iba a competir. Mi papá tenía un amigo gerente de una empresa aérea colombiana allá en Frankfort y le escribió en ese momento por carta, unos seis u ocho meses antes, para que se acercara a Múnich y tomara una fotografía en el mejor ángulo posible del Polígono, y así fue, la tomó y nos mandó la fotografía, aquí la ampliamos. Mi padre nos la ponía en frente para que nos hiciéramos la idea que estábamos allí en ese escenario. Eso surtió mucho efecto, cuando llegamos al Polígono en Alemania parecía que ya hubiésemos estado.”

Ese es el relato que hace Helmut Bellingrodt de lo que fue parte de la estrategia que aplicó para poder ganar la primera medalla olímpica para Colombia en los juegos de Múnich.

Helmut cuenta entre risas que al llegar a Alemania con sus armas colombianas, él y su padre eran mirados de manera rara, porque allá ya esas armas eran obsoletas y por ende estaban descontinuadas; sin embargo, eso no fue impedimento para que su desempeño fuese el mejor.

“Mi padre adaptó las armas de acuerdo con la competencia, de manera empírica y con elementos muy rústicos y muy caseros, y eso nos dio resultados. Algunos competidores y delegados de otros países se burlaban de manera muy diplomática.”

El día en que Colombia obtuvo su primera medalla olímpica

No es para él nada difícil evocar esos recuerdos. Los tiene grabados en su mente. Mira fijamente y apunta a nuestros ojos y dispara sus palabras para explicarnos lo que sintió ese día.

“Lo que yo sentí ese 1 de septiembre de 1972 fue felicidad y tristeza a la vez, porque no estaba en mi tierra, ni con mi familia, ni con mi gente, y, además, allí todavía no había asimilado la importancia de lo que estaba pasando, el día en que Colombia tuvo su primera medalla olímpica en toda su historia deportiva. Cuando yo regresé a Colombia, empecé a digerir la trascendencia que tendría esa medalla de plata. No fue ni siquiera de oro, fue de plata, pero marcó la historia del deporte.”

Y es que desde ese 1 de septiembre el nombre de Helmut quedaría escrito en la historia deportiva del país de su padre, el país que lo vio nacer. “Hoy yo sé que cuando se hable de los medallistas olímpicos en el año 2050 o en el 3000 cuando ya yo no exista, se preguntarán quién fue el primero, y sabrán que fui yo.”

Helmut no se detuvo con este triunfo, siguió perseverando, como estaba acostumbrado a hacerlo. En el año 1984 participó nuevamente en los Juegos Olímpicos de los Ángeles en Estados Unidos, donde volvió a alcanzar la medalla de plata, China quedó en primer lugar y era primera vez que China participaba en un mundial.

¿Cómo nace la carrera de este medallista olímpico?

“Mis padres tenían unos amigos españoles que fundaron el Club de Caza del Atlántico y posteriormente el Club de Tiro de Barranquilla, y en el año 1958 surgió la fusión entre estos dos clubes. Desde los seis años mi papá me empezó a enseñar a disparar con las copitas, como se les decía vulgarmente, es decir, con rifles de aire comprimido, que realmente se llaman diablos. Y en el año 1959 participé en el primer campeonato nacional de tiro en Barranquilla, aunque era un niño de 10 años me inscribí en la categoría juvenil, porque no había participantes, y aunque quedé de último, desde allí empezó todo.”

En el año 1969, Helmut, ya con 20 años se aventura a participar en su primera competencia internacional, en Arizona, Estados Unidos, que se realizaba siempre un año antes de una competencia mundial y a la que le llamaban el campeonato pre-mundial, allí quedó en el puesto número 11 entre 12 participantes, pero eso no lo desanimó, al contrario, lo impulsó a creer que podría seguir intentándolo hasta llegar a ser mejor. Y su deseo o pálpito se cumplió.

“En el año 70, regresé a la misma competencia, con un año más de experiencia y práctica y clasifiqué para representar a Colombia en el campeonato mundial, allí mismo en Arizona. Quedé en el octavo lugar, pero, fui el primer latinoamericano entre aproximadamente 40 deportistas en la categoría en la que yo disparaba en los Juegos Olímpicos de Múnich, en Alemania.”

¿Dejará el legado?

“Mi hijo mayor fue campeón nacional en carabina tendido, en Bogotá. Me acuerdo muy bien porque yo fui su entrenador. Cuando se acabó la competencia, el bajó del podio con su medalla de campeón colgada en el cuello, se la quitó, me la puso a mí y me dijo -papi, esta medalla es tuya, esto es lo que tú querías, te lo agradezco mucho, pero no me friegues más la vida, no sigo con esto. -… Yo he sido desde siempre muy disciplinado y estricto, pero a la juventud de ahora no le gusta mucho eso. Mis otros dos hijos no siguieron con la herencia. Uno es médico y el otro está fuera del país.”

Pero él, el medallista olímpico que se dio el lujo de conquistar triunfos en tierra ajena, no se da por vencido. “Yo sigo participando en competencias, porque mientras Dios le dé a uno salud uno debe estar activo. Hay un campeonato en Estados Unidos que es por categorías de acuerdo con la edad, y yo estoy en la Plus 60, allí he ganado tres veces medallas quedando en segundo lugar y este año quedé de cuarto.”

Y a juzgar por su apariencia y vigor, aún hay Helmut Bellingrodt Wolff para rato.  “Yo siempre digo que mientras Dios me de vida y salud tendré un arma en la mano. En una cancha deportiva, debo aclarar.”

Helmut, hoy habla feliz de su logro de hace más de cuarenta años, porque piensa que fue un impulso para que se empezara a ver a Colombia como un país del cual podían salir deportistas de calidad.

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