Esta es la historia de una mujer de 94 años de edad que hoy 19 de septiembre cuando se cumple uno año del terremoto de 2017 y 33 años del sismo del 85 en el país Azteca, revela cómo resistió estos movimientos telúricos.

Por: Rodney Molina

Los 19 de septiembre de los años 1985 y 2017, son tristemente recordados por los mexicanos, porque en ambas fechas tuvieron que sentir en carne propia la fuerza devastadora de la naturaleza a través
de terremotos de grandes magnitudes que dejaron a su paso, muerte, angustia y desolación.

El jueves 19 de septiembre de 1985 un movimiento telúrico sacudió y estremeció los cimientos de zonas del centro, sur y occidente de México. La cifra de muertos de manera inicial llegó a ser de 3 mil 192, pero con el paso de los días diferentes organizaciones revelaron que por lo menos 20 mil personas perdieron la vida en este terremoto, según lo confirman los diferentes archivos de prensa de ese país.

Pero, también las organizaciones del gobierno mexicano, revelaron que el sismo que alcanzó 8.1 grados en la escala, generó pérdidas económicas por más de 8 mil millones de dólares, unas 250 mil personas quedaron en la calle porque sus casas quedaron destruidas y otros 900 mil ciudadanos se vieron obligados abandonar sus viviendas porque estaban a punto de colapsar y entre esas miles de
millones de personas, estaba Carmen Machargo, una mujer nacida en ciudad de México y que para esa terrible fecha del año 85 tenía 33 años de edad.

Hoy, 19 de septiembre del año 2018, cuando ya tiene 95 años de edad, la encontramos en el sur de México, en la zona conocida como Tlalpan, uno de los sitios que para el 19 de septiembre del año 2017, resultó gravemente afectado por otro terremoto, el cual es considerado incluso, mucho más fuerte que el del 85.

A esos dos terremotos, Carmen Machargo ha sobrevivido. Hoy después de los sustos se ríe y a carcajadas, pues considera que ha contado con suerte de salir viva en medio de esos dos fuertes
movimientos.

“Aquí estamos, con vida, esperando que arreglen el edificio para nuevamente entrar a mi apartamento. Hace un año no entro a ese lugar y no me dará miedo, no pasará nada y si pasa; pues ni modo”, así, con tanta tranquilidad lo manifiesta esta mujer de estatura baja, piel blanca que arropa su cuerpo con varios abrigos para cubrirse del frío que por estos días se mantiene en gran parte de México.
Nos recibió en una improvisada casa que está en todo el frente de la unidad residencial donde ella vivía y la cual ella fundó hace aproximadamente 55 años. Un tanto monosílaba al inicio de la conversación pero con la mirada fija hacia un punto desconocido de su colonia; así estuvo por varios minutos, pero de un momento a otro decidió salir de la casa y llegar hasta la calle desde donde se veía pleno el balcón de su apartamento en el que aún permanece ondeando una bandera de color amarillo que simboliza uno de los movimientos políticos de México.

“Ahí donde está esa bandera amarilla vivía yo. Ese era mi apartamento. Me acuerdo que ese día del terremoto me estaba sirviendo un yogurt para calmar un poco el hambre porque de lo único que sufro a mis 95 años de edad, es de gastritis. De un momento a otro sentí que todo se movió, me agarré de lo primero que encontré y allí me quedé. El temblor me movía pero no me hacía caer y lo sentía
fuerte, pero estaba bien agarrada”, recuerda.

Dice además que fueron momentos de angustia para mucha gente pero que ella estuvo tranquila todo el tiempo. No se desesperó muy a pesar de que una de sus hijas le gritaba que saliera de la casa, que no recogiera nada y que saliera del apartamento porque en cualquier momento se podía caer todo, pero nunca salió por sus propios medios o por su decisión; la tuvieron que sacar.

“Mi hija me gritaba que saliera, que corriera y yo estaba era ahí sin moverme y agarrada. Luego salí y no me dio tiempo de agarrar ni mis medicinas. Ahí todo se perdió”.

Asegura que a sus 95 años de edad no le tiene miedo a los terremotos sean de grandes o pequeñas magnitudes, porque si ha sobrevivido a los movimientos de tierra más fuertes que han sacudido a México, es porque no le ha llegado el tiempo de partir de este mundo.

“No tengo miedo de nada. Caminando me puedo morir, me acuesto hoy para dormir y fácilmente mañana no amanezco; muero durmiendo. Aquí mismo hablando con usted en esta calle me puedo morir y ya, se acabó todo; entonces para qué tener miedo”, enfatiza doña Carmen.

Esta es la historia de esta mujer que ha sobrevivido a los terremotos más graves que ha padecido México en las últimas casi cuatro décadas. Una mujer valiente, agradable al hablar con ella, cálida en su personalidad y con la esperanza que en los próximos meses pueda entrar nuevamente a su apartamento, para ver qué quedó de lo que el terremoto no destruyó.

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