Abordó un avión de Bogotá a Barranquilla para visitar a su familia. No se queda en hoteles, se queda en la casa de sus viejos, ahí mismo en el barrio Simón Bolívar.

Un sábado, con el cielo barranquillero nublado, se cumplió la cita en el Estadio Metropolitano Roberto Meléndez; el mismo escenario que cuando estuvo abarrotado de hinchas del Junior y de la Selección Colombia, retumbaba cada vez que el balón pateado por el ‘bombardero’ con una velocidad de más de 120 kilómetros por hora, se fundía en la malla del marco del equipo contrario.

“Compa, ¿cómo estás? Ya estoy en el túnel, calentando y poniéndome a tono para saltar a la cancha. ¿Cómo así? Pregunté en la conversación telefónica que estaba teniendo con Iván  y me respondió en medio de risas. Así hay que entrar a este estadio, con la actitud de un futbolista”. Y efectivamente salió del túnel de la gradería occidental del Metro, por todo el centro de la cancha apareció con paso lento y sonriendo, se le notaba en su rostro emoción y mucha más emoción cuando le lanzaron un balón y empezó a recordar algunos de los momentos y de las historias que escribió en el coloso de la Ciudadela 20 de Julio.

“El delantero debe acostumbrarse al gol. Para eso le pagan, para hacer goles y más en esta cancha que es un tapete, aquí si paga hacer goles, mira este terreno. Ya hoy en día los goleadores juegan un partido, no hacen goles y se van a dormir tranquilos y no debe ser así. El gol es para el goleador su materia prima, con eso emocionas al público, con eso das resultado a tu equipo, con el gol engalanas el espectáculo. Yo cuando no hacía goles, no dormía, daba vueltas en la cama, pensando en las jugadas, porque cuando no hacía gol me dolía” exclamó Iván mientras hacía pinolas ante la mirada de algunos curiosos que ese día hacían mantenimiento del gramado del estadio.

Luego de estar en el terreno de juego, aceptó regresar al camerino del Junior, su equipo del alma, el equipo en el que tiene el sello de ser el máximo goleador en toda la historia. Con el mismo paso lento ingresó y mostró su complacencia por las comodidades que tiene el jugador de hoy, comodidades que él ni sus compañeros tuvieron cuando jugaban en el equipo barranquillero.

“Bueno, para mí esto es nuevo, para mi es nuevo porque el camerino de nuestra época no tenía el aire acondicionado, tenía un abanico de esos paton, tu ibas hablar con el utilero y no te escuchaba, hacía mucho calor y hoy creo que por lo que veo, el jugador de futbol tiene muchas comodidades. El tener estas condiciones adecuadas, me parece que es lo más correcto porque los jugadores se lo merecen”

Pero para Valenciano, muchos futbolistas hoy en día no saben que es luchar y sudar la camisa de un equipo y asegura que aunque les ofrecen mucho bienestar, les dan de todo;  ellos no lo dan todo por el club. Llegan a un club como Nacional, Junior, Cali, Millonarios, Medellín, que son instituciones grandes, donde las facilidades para hacer tu trabajo es la mejor, ese jugador seguramente no rinde porque pierde la entrega, pierde las ganas y el sacrificio porque ya le pagan bien, no le demoran el sueldo, tiene agua para bañarse, tiene aire acondicionado si tiene calor, si hace frio tiene el camerino climatizado, va a un buen hotel, come bien, duerme bien”, sentencia “el bombardero”.

Y continúa asegurando: “Hace unos años, el jugador se conformaba con una bolsa de agua, no tenía dinero para transporte, pero sin embargo, luchaba por sus sueños y siempre mostraba las ganas de superar cualquier adversidad que se le aparecía el momento de practicar el fútbol”, comenta Iván.

DEL CLUB DE LA OSCURIDAD, AL CLUB DE LA VIDA

El sueño de un futbolista es llegar a lo más alto de su carrera pero en ese trasegar de la vida, a veces se le olvida de donde viene. La fama, el dinero, el trago, las mujeres, las malas compañías y muchos otros vicios se llevan por delante al deportista, pero sobre todo al ser humano y a su familia.

Eso fue lo que le pasó a Iván. Después de 16 años de una carrera exitosa, la misma se vino a pique a una velocidad inatajable, como inatajable eran sus disparos en una cancha de fútbol.

Tras ser el primer futbolista colombiano en llegar al fútbol italiano para ganarse en tres temporadas un millón 200 mil dólares y mil 200 millones de pesos en un año en Junior, tener un sin número de propiedades, quedó con las manos vacías, sin un solo peso. Por eso dice que después de alcanzar la gloria en todos los equipos que militó, terminó en un club de la oscuridad, pero gracias a Dios ya está en el club de la vida.

“El hecho de estar en un club en el cual tenía mucha oscuridad y pasar al club de la vida, por el cual recorrí; me parece que es una lucha que al final te da tu recompensa, que al final te da una alegría y una satisfacción inmensa. Me da tristeza el no poder tener a mi mamá, el no poder tener a mi papá”.

Pero no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, dice el adagio popular, el cual aplica fácilmente para la vida de Iván René. Su paso por el que él llama el “club de la oscuridad” no duró toda su vida porque su cuerpo no lo aguantó, pero más que su cuerpo, su ser no aguantó un primer episodio triste que tuvo que vivir con su hijo Jacobo.

“Una vez mi hijo pequeño Jacobo, me realizó una pregunta: Pa, ¿cierto que tu bebes mucho? Pues ese día no tuve una respuesta para darle y eso me hizo pensar”.

Pero no solo su hijo supo tocarle el corazón, su mayor motor para salir adelante, su madre Piedad, le puso punto final a su tortuoso camino con un favor que ella le pidió.

“Llego yo a la casa, mi mamá me pide 2 mil pesos para comprar un cuartico de leche y unos panes y yo le dije: Ma, no tengo ni un peso, ósea ni 500?, me preguntó nuevamente y le respondí: no, no tengo”.

En ese momento Valenciano se llenó de nostalgia, pero eso le ayudó a reflexionar de cómo lo que construyó en años, lo despilfarró de la noche a la mañana. Fue en ese momento de melancolía que decidió sentar cabeza y hoy su vida tiene otras historias llenas de éxito, compromiso, disciplina, enseñanzas pero sobre todo, historias de esperanza.

¡SI SE PUEDE!

Después de tenerlo todo y luego de estar en un hueco profundo lleno del barro de las adversidades, puso todo para salir y levantarse con el ave fénix. Hoy demuestra que con fuerza de voluntad, convencimiento, buenas amistades, compromiso y disciplina, una persona sí se puede levantar.

En la actualidad es uno de los comentaristas más reconocidos del canal de televisión Fox Sport en Colombia. Bombardea con sus opiniones al momento de analizar la Liga del Fútbol Profesional colombiano, la Copa Libertadores de América y la reciente Copa del Mundo en Rusia 2018.

Tiene una vida alejada de las rumbas, el trago, las mujeres, el desenfreno total y es mucho más hogareño, dicta charlas motivacionales, comparte con la familia en Bogotá, Estados Unidos y en Barranquilla. En fin, Iván tiene otra vida.

“El Iván René Valenciano que está a mi izquierda, era un Iván René Valenciano lleno de muchas cualidades y virtudes y también de muchos defectos. Y el Iván René Valenciano de la derecha, es mucho más claro, mucho más transparente, mucho más objetivo, y es una persona que lucha el día a día por mejorar”.

El hombre gol, el de remate potente y figura del Junior de Barranquilla. Iván René Valenciano, el “bombardero”, que desde el pitazo inicial saltaba a la cancha a devorarse todo rival que se le atravesara, deja al final de esta conversación periodística, un mensaje de vida a las nuevas generaciones de deportistas y en especial de futbolistas.

“Todos los días que me acuesto y que le doy gracias a Dios por el día, siempre le digo esto, y esto se lo digo a todo el mundo. No me des poco porque necesito de ti y no me des mucho porque me olvido de ti, dame lo necesario para nunca olvidarme de ti”.

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