El arquero del Junior aceptó hablar con Contadores de Historias y abrió su corazón espiritual para detallarnos cómo es su relación con Dios y cómo perdonó y conoció a su padre biológico, el que lo abandonó cuando era niño.

A José Luis Chunga, todos lo conocen. Saben que es el arquero suplente del equipo Junior de Barranquilla, que es un deportista de alto rendimiento con mucha perseverancia, disciplina, responsabilidad y con mucho amor por lo que hace en el fútbol profesional colombiano.

Los hinchas del equipo barranquillero lo han visto actuar en torneos nacionales e internacionales, han delirado con sus atajadas y en algunas oportunidades han ‘parido’ con algunos errores del cancerbero. Errores que el reconoce y que asegura, hacen parte de la difícil dinámica que se desarrolla en un partido de fútbol.

En su trayectoria en el deporte profesional, se ha quedado con muchos elogios, los cuales atesora, pero también guarda y recibe con respeto las críticas, porque considera que le han servido para fortalecerse como persona y como profesional.

Todas estas cosas que referenciamos en párrafos anteriores, seguramente usted que está leyendo estas líneas sobre Chunga, ya usted las tiene en el disco duro de su memoria, amigo lector. Pero hoy queremos presentarle al José Luis Chunga espiritual, a ese joven que dedica su tiempo libre a la familia, a leer la Palabra de Dios, a congregarse en la Iglesia Cristiana Casa del Rey, a participar de los grupos de jóvenes cristianos de la misma congregación.

Les presentaremos al Chunga que durante las recientes fiestas de navidad y fin de año 2018, visitó a la població reclusa del Buen Pastor y El Bosque en la ciudad de Barranquilla. Les presentaremos a un deportista que cuando no está entrenando, concentrado en hoteles y volando en un avión, hace que los sueños y las ilusiones de los niños de su barrio vuelen cuando les lleva un regalo.

Les presentaremos en esta producción audiovisual, a un José Luis Chunga entregado a Dios, a un Chunga que cuenta la experiencia que tuvo con Dios, cuando le enseñó a perdonar a su padre biológico, al que conoció cuando hasta hace sólo tres o cuatro años.

Aquí está un José Luis Chunga, como dice él: “de carne y hueso”, el que se ha humillado ante Dios, para ser exaltado como dice su Palabra.