Galapa es un tradicional municipio del Atlántico reconocido por las afamadas manos de sus artesanos, manos de hombres y mujeres que trabajan con dedicación para plasmar y tallar en trozos de madera lo mejor de su creatividad.

Luis Pertuz, es un galapero que desde sus 9 años de edad le ha dado forma a la madera y color a sus figuras, gracias al legado que le dejó su padre.

“Desde muy joven mi hermano Manuel Pertuz hizo un curso de talla, y yo lo miraba a él como tallaba. Yo nunca le dije que quería trabajar con él, solo lo miraba. Así me inicié desde muy joven, viendo a mi hermano y mi papá trabajar con madera. Eso no fue de la noche a la mañana, fue día y noche, dándole hasta aprender. Me cortaba y no me importaba, seguía. Era una satisfacción para mí saber que de un tronco podía sacar cualquier cosa.”, narra Luis.

Con el trabajo de sus manos no solo ha conquistado el mercado artesanal nacional e internacional, este también le permitió conquistar y tallar de amor el corazón de la que hoy es su esposa, Nelda. “Mis primeras 15 máscaras se las regalé a la que hoy es mi esposa, que en ese entonces era mi novia, con eso yo la conquisté.”

Artesanías Congo Real, así se llama su taller, su empresa, el lugar donde de manera pausada y dedicada, pule los más mínimos detalles de sus obras.

Para eso cuenta con un equipo de trabajo del más alto nivel. Hombres y mujeres que llevan este arte en su sangre, que destilan por sus poros esas ganas inmensas de dejar el alma en cada pieza.

“Aquí hay muchos artesanos reconocidos y saber que hago parte de esta cultura y que aporto para que crezcas para mí es muy importante. De este trabajo también depende mi familia.”, afirma Pertúz.

Estas figuras necesitan de un tallador que les dé forma, y en Artesanías Congo Real el encargado de este trabajo es Mauricio Púa. A punta de martillo, machete y cincel, de un trozo de madera le saca los colmillos al Caimán, los cachos al Toro, adorna la cabeza de los Congos y le saca hasta los ojos a más de una tijera que se le aparezca.

Mauricio Púa, tallador de madera

Mauricio Púa, tallador de madera

“Hace aproximadamente tres años me dieron la oportunidad de empezar, mi labor es escultor y tallador, es acá donde inició a darle la figura a la pieza, acá es de donde sale cada producto. El machete me ayuda a darle la forma.”, expresa Púa.

En este taller familiar también trabaja Armando Pertuz, hermano de Luis. Un hombre que ha crecido rodeado de este arte y quien ha tenido suficiente madera para covar hasta el cansancio miles de figuras.

“El covado es con el fin de que las máscaras no pesen, que estén livianas. Luego de covarlas las ponemos al sol y las pulimos por dentro. Yo le doy gracias a Dios por darnos las fuerzas y a mi padre porque nos dio esta enseñanza de ser artesano.”, cuenta Armando.

Armando Pértúz, covando una de las máscaras

Armando Pértúz, covando una de las máscaras

Es milimétrico al momento de pulir, eso le da precisión y constancia al finalizar su trabajo. “Cuando estoy covando una máscara yo me siento grande, esto es lo que me da pa´todo.”

Manos empolvadas, lijas desgastadas y trozos de madera covados, eso es lo que encontramos en este mágico lugar en el que se le rinde honor a la artesanía.

Una de estas lijas está en las manos de Darwin Guerrero, “después del tallado la máscara pasa a nosotros, los lijadores, en donde le hacemos el acabado final. Cuando vienen los turistas se sorprenden al preguntarnos cuantas máscaras hacemos al día, porque son muchas. Pero es que con este trabajo uno se olvida hasta de los problemas. Aquí yo la paso muy bien, esta es mi familia.”

Lijador detallando la máscara

Lijador detallando la máscara

Figuras muy bien trabajadas se hallan en cada rincón de este lugar esperando un pulimiento final, el cual es dado por otras agiles y experimentadas manos, que con pincel delinean artísticamente las manchas de cebras y los ojos de tigres y toros.

“En el área de pintura se le da el toque final al proceso, es la culminación de la máscara. Se pinta primero el fondo y luego se le hacen los diseños característicos de cada figura o animal. Se necesita mucha concentración para tener un buen acabado y que todo quede perfectamente delineado. Aquí ya no se permite el mínimo error, o es o es.”, narra Gregorio de Moya.

“Me siento digno de ser artesano, esto es algo con lo que uno nace. Al principio no lo sabes pero después te das cuenta cuando empiezas con tus propias manos a darle forma a la madera y plasmar tu imaginación en algo que sí es real.”

Máscaras ya pintadas

Máscaras ya pintadas

Luego de terminada y detallada, es necesario que cada figura pase por un estricto control de calidad. De esto se encargan tres mujeres, quienes garantizan que cada artesanía que sale de Galapa a traspasar las fronteras cumpla con los estándares de calidad.

“Vemos si los productos cumplen las especificaciones ya sea de tallado, lijado o pintura. Luego realizamos el empaque y vemos si están perfectas o si les falta algo… Cuando vienen turistas y les mostramos lo que hacemos, cada pieza, podemos ver el resultado de nuestro trabajo con sus caras de sorpresa. Cuando ven desde mascaras hasta aretes, todo en madera.”, explica Jessica Caldea.

Máscaras terminadas

Máscaras terminadas

Generador de empleos

Este es un legado que Luis cuida, pero también transmite a su familia. Hoy han consolidado un proyecto de emprendimiento cultural y artesanal que le ha permitido ser un generador de empleos directos e indirectos en Galapa.

“Comencé con mi familia, con mis esposa y mi hija una aventura, crear en el año 2000 nuestra empresa, desde entonces inició un proceso con los compañeros que tenemos hoy en día trabajando.”

Además de buscar que su trabajo artesanal sea conocido en el mundo entero, la familia Pertuz también diseña una estrategia de inmersión cultural para que los turistas que lleguen de otras latitudes vivan la experiencia de “ser artesanos por un día” dentro de su taller.

“Con mi papá hace dos años empezamos esta iniciativa. Todo surgió porque la gente cuando entraba aquí al taller se preguntaba cómo se hacía todo. Y en lugar de explicarles con palabras, quisimos que ellos lo vivieran encarnando el proceso. Con esto buscamos además dignificar el trabajo de nuestros artistas”, narra Luisa Pertúz, hija de Luis.

En este recorrido, los turistas palpan con sus manos lo que es elaborar cada pieza. Tallan sus propios suvenires, los pulen y le dan su acabado final.

El maestro artesano, mientras les enseña, les cuenta cómo es la vida dedicada a este oficio.

Aquí, ser “artesano por un día”, es posible.

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