Judy Elena Hazbún Escaf es una mujer barranquillera de 56 años. Una diseñadora de modas que se vale de su profesión para rescatar la tradición heredada de su madre, la Aguja de Oro de Colombia, Amalín de Hazbún, enaltecer el ser caribe y crear conciencia. Su infancia la vivió en el barrio Recreo, en Barranquilla, en una casa de patio grande, lleno de árboles y frutas. Allí, comenzó su historia.

Judy, a diferencia de otras niñas no creció jugando con muñecas, por el contrario, ella creció observando cómo su madre tejía día y noche, lo que la llevó a cultivar ese profundo amor que hoy tiene por el diseño de modas, carrera que estudió en Estados Unidos.

“Yo llegué a la vida de mi mamá y a su hogar y ella ya me tenía el corral listo al lado la máquina de coser. Allí crecí, viéndola coser, ese no era su trabajo, ese era su estilo de vida. Y así lo he hecho yo, no considero que este sea un trabajo, sino mi estilo de vida, uno en el que desarrollo a nivel de creaciones, en este caso prendas de vestir.”, narra Judy.

Es una mujer talentosa, comprometida, algunas veces “intensa” como ella misma se define, pero, sobre todo, agradecida, con la vida y con su madre, por el buen ejemplo que le ha dado.

“A mí mamá y a mí no nos pueden comparar, mi mama no tiene comparación, su trabajo es único, es algo demasiado artístico, hecho a mano, ella puede dedicar meses y meses a pegar pepitas. Yo tengo claro y se lo digo siempre a ella y a la gente, las de Amalín de Hazbún son realmente puntadas de oro.”

Le encanta disfrutar la vida y sus detalles, monta bicicleta, practica yoga. Tiene dos hijos que ya están grandes, uno tiene 31 años y otro 29 y cada uno hace lo que le gusta. Uno ya está casado, el otro todavía no, los dos son felices. “Cuando los hijos están bien ya uno tiene la tarea hecha.”, agrega Judy Hazbún.

Pero ¿qué es lo que diferencia a Judy Hazbún de su madre, Amalín?… “Lo que diferencia a Judy Hazbún es que ha tratado de crear líneas de ropa para llevar ese bienestar a quienes la compran, las mismas que luego empecé a vender a través de diferentes canales desde que comencé mi empresa hace treinta y dos años. El trabajo de mi mamá, por el contrario, siempre ha sido mucho más exclusivo, siempre sobre medida.”.

Si bien estas dos mujeres exponentes del arte y la moda colombiana tienen diferencias que las hacen ser únicas a su manera y de acuerdo con su época, también es cierto, que en ellas se cumple el famoso dicho “hijo de tigre sale pintao”. Hoy por hoy, sus nombres son reconocidos a nivel nacional e internacional, su fuerza, amor por lo que hacen y pasión por la cultura y las tradiciones unirán sus caminos siempre.

“Me parezco a ella en creer que todo estará bien, aunque a veces se vea bastante regular. Heredé de ella su positivismo y fuerza para levantarse cuando se cae, sus ganas de salir adelante, porque para estar en este tipo de trabajo se necesita mucha fuerza y pasión por lo que uno hace.”

Judy Hazbún tiene hoy una de las empresas de moda más estables y reconocidas en Colombia, una que le da prioridad al capital humano, se preocupa por el bienestar de su gente. “Esta es una empresa prácticamente de mujeres, siempre ha sido así, aquí se empodera a la mujer día a día. Mis empleadas no son de las que llegan y se van, yo tengo empleadas que tienen 32, 28, 18 años de estar trabajando conmigo.”

Sus diseños, que van desde bolsos, zapatos, vestidos de gala, ropa deportiva, ropa de baño, pijamas, etc, han estado en las pasarelas de Colombia y el mundo. En cualquier lugar donde se hable de moda, seguramente se tendrá que mencionar el nombre de Judy Hazbún. “Hemos estado en todas las pasarelas de Colombia, a Cali expo Show nunca faltamos, y a nivel internacional en muchos países, España, Estados Unidos, y muchos otros.”

Recuerda con gracia que su primera línea de ropa fue deportiva, y que la llamó Amalín Sport, lo que le facilitó posicionarse de manera rápida, casi que, en ascensor, pero que a la vez sorprendió; porque por su legado, la gente se imaginaba que traería más plumas, lentejuelas y brillantes, y no fue para nada así. “Yo desde joven me metí en el taller de mi madre, sacaba de la caneca sus moldes, porque ella todos los días los desecha porque todos los días los hace nuevos. Los cogía y me inspiraba en lo que veía que ella hacía con sus clientas, las transformaba y las hacía irse felices. Y eso lo plasmé en mi línea deportiva. Una línea para la mujer del común, de a pie.”

Una mujer emprendedora, con una sencillez única y un corazón noble, a la que su historia y legado no le impide reconocer el talento de mujeres de la misma industria que podrían representar su competencia. “Me encanta el trabajo de Eli Abuchaibe, Tina Newman, son mujeres creativas, de dos estilos distintos pero que admiro muchísimo.”

La moda es un juego para Judy

Al preguntarle si hay algún tipo de ropa que Judy, la mujer amante de la moda y el arte no se pondría ella responde con la frescura que la caracteriza. “Yo no creo que en este momento de mi vida tenga algo que no me pondría. Para mí todo es un juego, ahora mismo todo es un juego, de pronto antes decía no me pongo un pantalón pitillo, pero mentira ya me lo he puesto. Esto de la moda es un juego para mí, y cada día trato de jugar más. De no ponerme límites. Por eso le digo a mis clientas cuando llegan aquí, mídetelo y te lo miras, después me dices si te gusta o no. Y cuando se lo miden terminan diciéndome -tenías razón, me encanta-“.

A Judy no le asusta ir “en contra de moda”, una muestra de esto son sus crespos, otro de sus sellos característicos, los que han permanecido con ella, aunque lo in ahora sea el cabello liso y sedoso. Ella los luce con orgullo. “Yo tengo mucho cabello, en ocasiones he llegado a tener mi cabellera cortísima pero siempre crespa, aunque me lo he tratado de dejar crecer siempre me lo corto (risas), pero nunca me lo van a ver liso, eso se los garantizo, y canosa, porque ya me salen canas y no me pienso teñir el pelo. Judy Hazbún será crespa por siempre.”

El amor, motor que impulsa su vida

“Para mí el amor es el motor que me levanta todos los días y que comienza por mí, entonces yo todos los días me quiero más, me miro en el espejo y me digo -estas divinas-, y si tengo kilitos de más como ahora me digo -te ves divina gordita, mi amor, no te preocupes-.”

Una mujer que como ella dice, no necesita de nadie para que la levante, ella ha aprendido a levantarse sola, día a día. Que disfruta lo que hace y que ha vencido poco a poco sus miedos. “Ahora misma estoy sola, pero tengo una relación conmigo que me fascina, no tenía tiempo para mí y ahora que lo tengo lo disfruto.”

Judy es “una guerrera de nacimiento”. Cuando le preguntan cómo le gustaría que la recordaran ella sin titubear responde: “como alguien alegre, buena anfitriona, perseverante y romántica hasta los huesos. Esa es Judy Hazbún.”

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