La butifarra es el manjar más apetecido por los soledeños, barranquilleros, y turistas nacionales e internacionales que llegan a esta tierra del Caribe. Pero la butifarra no nació en Soledad, su origen es español, concretamente de la región de Cataluña en donde los embutidos son un elemento esencial de su gastronomía, pues constituye un alimento que por su fácil conservación permite garantizar el abastecimiento en épocas de invierno.

“La butifarra quizá es el producto derivado del cerdo más conocido en Cataluña, es un producto muy básico, elaborado con carne picada de cerdo, pimienta y sal; eso se embute y permite consumirlo de una forma rápida o de una forma que requiere un tiempo de cocción superior. A partir de la butifarra un paso más de su evolución serian los embutidos curados como la “secallona” o la “somalla” que es el mismo producto, pero deshidratado, se coloca en un sitio fresco donde coge unas propiedades distintas y tiene un sabor quizá un poco más dulce, pero la esencia es la butifarra.”, Joan Parareda, chef catalán.

Pero sin importar de donde viene, lo que sí se puede notar es que la butifarra traspasó las fronteras y llegó a esta tierra Caribe para ponerle un sabor especial y tenía que llegar a Soledad, la tierra de la merecumbé.

Por supuesto las butifarras como tantas otras tradiciones españolas llegaron a nuestro país donde el ingenio y el talento culinario de nuestros pobladores la adoptaron como suyas y con variaciones en su sabor la convirtieron en las joyas gastronómicas más representativas de Soledad.

Y es que quienes producen las butifarras de soledad, le han dado su toque mágico culinario. Las preparan con sabores dulces por las adiciones de canela y limón que le añaden y hasta encontramos butifarras de huevo agregándole nuez moscada.

Un plato que sin duda ha sido adoptado y perfeccionado por la gastronomía costeña, y que hoy por hoy deleita el paladar de propios y foráneos que llegan hasta este rincón de Colombia solo por las famosas butifarras.

El bacán de las butifarras

“Tengo 65 años, nací en Soledad, en donde tengo mi negocio que viene de un legado de tradición de mi abuela, Isabel Segunda Alvarino Suarez, quien nos dejó esta herencia hace 100 años. Esta tradición ha pasado por cuatro generaciones y le damos gracias a Dios porque estamos sacando adelante a nuestra familia con nuestro producto que es reconocido internacionalmente, somos los pioneros en la elaboración y distribución y exportación de la auténtica butifarra soledeña.”, Hugo Nicolás de la Hoz Gutiérrez, el bacán de la butifarra.

Desde niño empezó con su abuela en el negocio de la butifarra. Ella lo ponía a vender el producto y allí le fue creciendo ese amor y gusto por esa delicia gastronómica.

“Hoy en día llevo con mucho orgullo el ser el heredero de esa tradición. Mi abuela aprendió a hacer la butifarra a la edad de 17 años, ya que este producto fue traído por los españoles en la época de la conquista, ellos elaboraban la génova, y el nativo soledeño le anexó la carne y cambió el nombre de génova por butifarra. “Buti” de embutido y “farra” de fiesta.”, explica Hugo De La Hoz.

Este legado crece y necesita asegurar a sus futuros exponentes. “Yo les he inculcado a mis hijos esta tradición que es parte de nuestro diario vivir y hoy en día ellos se encargan de la distribución y elaboración de este producto. Porque es un negocio que nos da el sustento diario.”

Cuando le preguntan a De La Hoz Gutiérrez en qué se diferencian sus butifarras de las tantas otras que se comercializan en Soledad, el tiene clara su respuesta. “Mi producto es diferente a las demás butifarras de soledad porque mantenemos la cultura y los ingredientes de hace 100 años, por eso se dice que son las mejores, hemos conservado el legado. Nos preocupamos porque tenga el mismo sabor y que todo sea natural. Nada de químicos, allí está la diferencia.”

El Monsa butifarrero

Rubén Darío Monsalvo Lascano, es otro de los exponentes gastronómicos más reconocidos en el municipio de Soledad, desde hace más de veinte años se dedica a hacer butifarra con sus propias manos, es el fundador de “Butifarras Monse”.

“Nací en el municipio de Río Frío en Magdalena, allí crecí hasta que a mis 21 años nos vinimos a Soledad, donde me instalé y me ha ido muy bien. Yo puedo decir que soy heredero de Segundo Alvarino, porque cuando empecé a hacer la butifarra aprendí de Jesús Camargo, su nieto. Luego de que aprendí como se hacía, le agregué cosas según mi gusto. Yo llego a Soledad con la butifarra y traigo cosas innovadoras, le agrego la fachada que ellas tienen cuando salen a la calle, la metí en bandeja, le puse la tarjeta para que nos identifiquen.”, expresa Rubén Monsalvo.

Al ver unas butifarras hoy es difícil no asociarlas con el municipio de Soledad, Atlántico; más difícil aun no asociarlas con las butifarras de Monsa.

“En una semana aquí se muelen 1.600 libras de carne, esto cada día crece más, gracias a Dios. El cliente viene y se da cuenta de lo higiénico que es el negocio, el trato, por eso va colaborando con uno.”, asegura Rubén.

Pero para degustar las famosas y deliciosas “butifarras de Monsa” ya no es necesario desplazarse hasta Soledad, ahora también pueden encontrarlas en Barranquilla. Aunque el viaje al municipio de Soledad siempre será un valor agregado.

“Este negocio se ha extendido, la carne viene del expendio calificado, aquí la limpiamos, se pica y se hacen trozos pequeños que luego se echan al molino, una vez molida se amasa, se le echa el condimento y pasa a la maquina donde llenan la tripa en la que todo va envuelto. Luego pasa a los amarradores, quienes le dan forma final, luego se cocina y la dejamos enfriar. Por último, se lavan con agua de sal, las dejamos escurrir, las cortamos y la empacamos.”

Los precios varían entre 2 mil y hasta 5 mil pesos, dependiendo del tamaño de la bandeja. Los clientes pueden consumirlas dentro del mismo negocio o llevarlas por encargo. Hoy día se ha vuelto casi que una ley que los colombianos que viven en el exterior pidan a sus familiares butifarras por encargo. Este plato típico soledeño ya es un regalo obligado.

“Yo creo que gran parte del auge de la butifarra de un tiempo para acá está en la fachada que tiene hoy día, hasta las del estadio ya tienen buena presentación, cosa que a mí me alegra. Porque, aunque yo haya sido el pionero de esto, para mí la competencia no existe, el sol brilla para todos. Después que yo no me salga de mi línea, la gente seguirá pidiendo las butifarras de Monsa.”

Aunque se reconoce que el origen de la butifarra es español, también se reconoce que fue precisamente en Soledad, donde se le dio este exquisito y autentico sabor que enamora a quien la prueba.

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