Gracias a los Juegos Centroamericanos y del Caribe, la figura del Mono Tití Cabeciblanco, tomó mucha importancia por el papel que jugó Baqui, como el símbolo de estas justas internacionales que se desarrollaron en la ciudad de Barranquilla recientemente.

El reto desde el punto de vista de comunicación era enviar un mensaje claro y contundente que buscaba la conservación y el cuidado de la especie que es 100% costeña y única en el mundo. Y ese mensaje es que el Tití, personificado en Baqui, no fuera visto como una mascota, pero sí como un gran símbolo de la conservación ambiental.

Rosamira Guillén, directora ejecutiva de la Fundación Proyecto Tití, considera que los Juegos Centroamericanos y del Caribe, se convirtieron en el pretexto para que esta especie estuviera en la agenda de la ciudad y tuviera una mayor  visibilidad como un embajador, un anfitrión que se ganara el cariño de la gente.

“En términos de visibilidad estamos segurísimos que la gente reconoce en Baqui a un embajador de los titíes cabeciblancos y lo reconoce con una  percepción muy positiva. La visibilidad y el reconocimiento del Tití como símbolo es algo que veníamos buscando desde hace mucho tiempo y los juegos sin duda alguna ayudaron a consolidar y de aquí en adelante trabajaremos por seguir aprovechando esta oportunidad y potencializarla”

¿Por qué debemos tener el Tití en nuestro corazón?

Para la directora de la Fundación Proyecto Tití, Rosamira Guillén, este pequeño primate que tiene el tamaño de una ardilla debe estar en el corazón de la gente porque es una especie única en nuestra Costa Caribe colombiana y en el mundo, la cual encontramos de una manera silvestre; pero también hay que preservarlo y cuidarlo porque es un primate que está en peligro crítico, es decir, a un paso de extinguirse de los bosques secos tropicales donde habita y está a punto de desaparecer por la alta deforestación debido a las actividades agropecuarias y de desarrollo urbano.

Rosamira Guillén, directora ejecutiva de la Fundación proyecto Tití.

Para los entendidos en esta materia y que han tenido la posibilidad de estudiar por más de 30 años el comportamiento de este primate, consideran que ver esta especie en su hábitat natural es una fascinación que no se puede comparar.

“Es una especie diurna que se levanta tempranito cuando sale el sol y se acuesta cuando va apareciendo el ocaso y pasa el día en una rutina súper chévere.

Se levanta a buscar comida, cuando come le echa una siestita, después juega un rato y después se va a explorar otras zonas para buscar más comida.

El Tití tiene una vida de exploración, de integración familiar, de alimentación, de subsistencia muy parecida a la de nosotros los humanos porque vive en familia; papá, mamá e hijos, los bebés aprenden todo lo de sus padres o de os mayores, todos ayuda a cuidarse entre sí de cualquier amenaza y tienen una manera de comunicarse entre sí muy sofisticada y cuando ya son jóvenes, se van de la casa y crean su propio hogar”, enfatizó Guillén.

La idea es que haya Tití por siempre por encima de nuestro ciclo de vida y debemos entender que la especie representa como tal un ecosistema y que a nosotros como humanos, esos ecosistemas nos provee de fuentes de aguas naturales y potable, entonces la idea es entender que el Tití es un símbolo para nuestra sostenibilidad a largo plazo y si protegemos al Tití nos estamos protegiendo nosotros.